19 abril 2026

El método de autocuración divino

 

El cuerpo no enferma por sí solo, simplemente refleja el estado vibracional de la mente y el alma.


1º.- Siéntate con la columna recta. Cierra los ojos y respira, donde observes cómo el aire entra, llena, se expande y luego se libera.

Imagina una luz dorada que entra no solo por tus pulmones, sino por cada poro de tu piel.


Con cada respiración visualiza cómo se disipa toda la tensión, no solo la muscular, sino también la emocional, la mental y la espiritual. 


Cada inhalación es comunión con el infinito. Cada exhalación es la liberación de todo lo que no me sirve. 

Lo que piensas, sientes y crees son órdenes eléctricas para cada célula. Tus células ejecutan las órdenes que emites.


Todo eso durante, al menos un minuto.



2º Coloca tu mano derecha sobre tu corazón, hasta sentir el pulso bajo la palma. Visualiza un sol interior que se expande desde tu pecho, irradiando luz por todo tu cuerpo.


Todo eso durante, al menos dos minutos.


3º.- Dirige tu atención a la zona de tu cuerpo que deseas sanar. Habla como quien ordena, no como quien pide.

imagina una cascada de luz azul eléctrica que desciende desde tu cabeza hasta tus pies.

Donde quiera que haya dolor, visualiza esta luz disolviendo las sombras; como la oscuridad que desaparece al encender la luz, no porque hayas luchado contra ella, sino porque la luz y la oscuridad no coexisten.

Observa esta cascada luminosa que limpia viejos recuerdos atrapados en el cuerpo.


4º.-  Siente tu cuerpo ligero, como si estuviera hecho de luz en lugar de carne densa. Guarda silencio durante un minuto completo, simplemente siente. No pienses, no analices, no te preguntes si funciona. Simplemente déjalo fluir. 


 5º.- Coloca ambas manos sobre tu corazón, creando un sello energético, y di suavemente, con la ternura de un niño que habla a su padre: Gracias, padre, por recordarme que tu energía es mi vida. 

Sonría. Una sonrisa es un sello energético de sanación, envía señales al sistema nervioso de que todo está bien. Estás a salvo y puedes comenzar el proceso de regeneración.


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